ENTRE BUEYES Y REYES

POR: SALVADOR BORREGO

Este pasado 2 de mayo se cumplieron justo 200 años del levantamiento español contra la ocupación francesa, que Arturo Pérez Reverte nos reseña con su maestría acostumbrada en su reciente libro Un día de Cólera.


La pregunta obligada al repasar esa crónica es por qué un pueblo está dispuesto a dar su vida en aras de un ideal como la independencia, la libertad o la misma paz. Y la respuesta más tonta que encontramos, pero terrible, es que ellos pensaron que valía la pena el sacrificio.


La reflexión anterior viene a cuento porque esta semana los agentes federales encargados de restablecer la seguridad en el Estado, han declarado que de momento les resulta más atractivo sumarse a las filas de la delincuencia que vivir bajo maltratos, desconsideraciones y un salario que a más de pobre no llega con oportunidad. Se dijo incluso que resultaba más atractivo vivir cinco años como reyes que hacerlo cincuenta como bueyes.


La otra pregunta obligada entonces es: ¿Por qué como bueyes?, ¿por qué no como héroes?
De nuevo la respuesta más elemental pero terrible es porque se entienden como carne de cañón, protegiendo una clase política que no se ha distinguido por su probidad, y que al menos en el imaginario colectivo son corruptos 4 de cada 5 de sus miembros, pues es eso justo lo que significa que esta semana el valor que obtuvo el gobierno de Natividad González Parás en transparencia fue de 2 en la escala del 0 al 10, donde 10 significa completamente limpio y 0 significa completamente corrupto, de acuerdo a los criterios de Transparencia Internacional.


El panorama entonces es desolador. ¿Cómo esperar que este Pueblo atienda el reclamo presidencial de corresponsabilizarse en la lucha contra el crimen  organizado, si entiende que sus líderes sociales en el gobierno sólo ven sus intereses particulares? ¿Si se sabe defraudado y teme en consecuencia ser también traicionado?
Vaya si es desalentador el enfoque post-moderno de estos nuevos líderes políticos modositos. Al tiempo ocuparán el infausto lugar que la historia les tiene reservado, pero por lo pronto la única estrategia sensata que como Pueblo podemos seguir, parece ser: Sálvese quien pueda.

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