LA INSEGURIDAD, EL TALÓN DE AQUILES DE NATI

POR: MANUEL PÉREZ RAMOS

“Si el crimen y los delitos aumentan en una zona o región, hay que investigar a los jefes o encargados de la seguridad.”
W. Bratton

El escollo mayor que ha tenido y tiene en estos momentos el gobierno de Natividad González Parás es la inseguridad. Es su talón de Aquiles. La inseguridad con todas las flores del mal está rebosante de salud. Este mal es de antiguo, data fuertemente desde el gobierno de Fernando Canales Clariond.


Desde ese sexenio la mayoría de los actos delictivos no fueron enfrentados y castigados ejemplarmente ante la conciencia pública, y como dice el refrán popular en el mundo del hampa: el crimen que no se castiga se repite.


Las más de cien ejecuciones del año pasado y las que van en este año, así como los “levantones”, nos indican que la violencia social tiene en nuestro estado las puertas abiertas de par en par.


Para ilustrar esta situación conflictiva, baste traer a colación los datos de la última encuesta que aplicó Saba Consultores a la ciudadanía. La encuesta se circunscribía a la pregunta:” Cuál considera usted qué es el principal problema del actual gobierno estatal”. He aquí la respuesta: la inseguridad con un 48.11 por ciento. Pero se le agregamos otras opiniones, la delincuencia es percibida con un 8.48, el pandillerismo con un 4.39 y la violencia con un 3.67 por ciento. Sumados estos porcentajes nos da un 65 por ciento, lo cual es aterrador.


Por eso los ciudadanos temen por su seguridad, tanto personal como por sus bienes. Los medios de comunicación nos presentan todos los días notas y reportajes donde la gente empieza a hacerse justicia por propia mano, a robar y agredir por razones tanto por el clima de impunidad e inmunidad como por el deterioro económico y familiar. Los asaltos a los bancos y pequeñas empresas son hechos cotidianos.


Además, vemos un incremento extraordinario del hampa organizada como nunca se había visto en Nuevo León, tanto por la vía del narcotráfico como por la vía de la proliferación de toda clase de atributos de la industria del robo: domiciliario, comercial, bancario, secuestro de personas, protección a los negocios, robo de automóviles, asesinatos y violencia intrafamiliar.


Hoy es evidente, que si los grandes y graves problemas de violencia del gobierno canalista no los atendió como correspondía, menos iba a dar una atención cuidadosa a la justicia en el ámbito ciudadano. De ahí, que el tema de violencia y la inseguridad pública, problema heredado y hoy fuera de control, sea el problema número uno del gobierno nativista, puesto que si no se resuelve éste de nada sirve que se resuelvan los demás.


De nada sirve que se pretenda mejorar la vialidad, el sistema de seguridad social, o se atraiga la inversión privada para generar empleos, si la inseguridad está en las calles, en la casa y en las carreteras.


Y por otro lado, de nada sirve anunciar incrementos de manera inmediata y exponencial al presupuesto destinado a la policía si éste no se ve reflejado en mejor armamento, capacitación y equipo, y más lamentable aún cuando los policías federales destacamentados en Nuevo León, denuncian las pésimas condiciones en que los tienen las autoridades tanto de la Federación como del Estado, hacinados y con atraso de cuatro meses en sus prestaciones.


Peor aún, de nada sirven los programas y demás estrategias de seguridad que el Presidente, el Secretario de Gobernación y el Gobernador del estado anuncien muy pomposamente, cuando las investigaciones en seguridad pública demuestran que el problema de la violencia y la inseguridad es un problema sistémico y que no se resuelve con más dinero ni con discursos ni con más burocracia.


Es un problema de educación, de empleo, cultura, deportes, recreación, respeto a la ley, y un largo etcétera.


En fin, podemos afirmar que en lo que resta del sexenio de González Parás, si no se resuelve este problema, todo el proyecto de su gobierno será un rotundo fracaso. Por eso su talón de Aquiles.


En este problema quisiéramos ser optimistas, pero no podemos. Lo seremos el día que el gobernador duerma tranquilo, con las puertas abiertas y mande a sus guardias a casa

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