EDUCACIÓN Y DESARROLLO EN NUEVO LEÓN

POR: GUSTAVO TREVIÑO SALINAS

Como meta a largo plazo expresada recientemente por el Secretario de Educación en el Estado, está la de ubicar los indicadores escolares de educación básica que tienen que ver con la calidad educativa, de acuerdo a parámetros establecidos por organismos internacionales, dentro del rango de los diez países mejor evaluados. Es decir, acercarnos entre otras naciones a Finlandia y Japón, por señalar solo dos de los representantes más frecuentados por nuestros legítimos sueños y aspiraciones.

Como meta seguramente goza del beneplácito y respaldo de todos aquellos que anhelamos tener una mejor educación por todas las implicaciones que esto encierra en términos de la equidad social y las competencias para la vida como parte de sus efectos, tan deseables estos como urgentes.

En este contexto, sin embargo, cabría preguntarnos hasta donde es posible desvincular la educación escolar -sus logros- del proceso de desarrollo integral de la sociedad neoleonesa, y en consecuencia, en que medida afectan la marginalidad, la abismal diferencia en las oportunidades de todo tipo, nuestro simultaneo ejemplo de opulencia y pobreza coexistiendo en la misma geografía, las deficiencias e insuficiencias del los gobiernos, y todo aquello que como componentes del diagnóstico social son factores que seguramente dificultan las metas educativas.

Afirmar tal desvinculación sería un error de graves consecuencias, supondría aceptar que las metas sobre la calidad de la educación no tienen ninguna relación con las posibilidades de desarrollo de los neoleoneses, no sólo en lo económico –reduccionismo muy común- sino también en lo político, cultural y social. Pensar así, incorporaría una importante cuota de inviabilidad a la planeación de la educación en el Estado. Pensar así, sería manifestación de incompetencia o demagogia.

La educación no sólo es factor de desarrollo, es una de sus múltiples manifestaciones. O concebimos su planeación como parte orgánica de un plan integral de mejora de la sociedad o estaríamos sujetando esos legítimos sueños y aspiraciones del hilo conductor del fracaso y el desencanto.

Deseo, por supuesto, que ese no sea el caso.

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