DE OCURRENCIAS Y COSAS MEJORES
POR: GUSTAVO TREVIÑO SALINAS
No hay duda que muchas ideas brillantes que han dado a luz satisfactores que incrementaron sustancialmente nuestra calidad de vida han surgido de lo que popularmente conocemos como “ocurrencias”, esos chispazos de ingenio que han desarrollado desde el botón de la camisa, un clip o un lápiz, hasta la tecnología de punta que tiene que ver con los transportes o los sistemas que han inventado y luego hurgado el ciberespacio.
Pero también la expresión “ocurrente” y sus ocurrencias han servido para describir a quien propone las ideas más remotas del mundo de la realidad y de la esfera de lo pertinente. La ocurrencia como insensatez puede ser intrascendente, pero se torna tan perjudicial, por ejemplo, cuando emana de autoridades cuyas acciones afectan la vida pública, a usted y a mí como ciudadanos. Para muestra, le presento dos botones: Primero.- ¿A quién se le ocurrió que la policía ministerial de Nuevo León debe decomisar los automóviles de los propietarios morosos en el pago de sus impuestos?
Será que solo se pretende aplicar la fuerza pública a quienes la otrora cuesta de enero, ahora con categoría de permanente les ha impedido cumplir con sus obligaciones fiscales, o se busca encubrir la necesidad de asignar un nuevo rol a la policía ministerial en la búsqueda afanosa de mejorar sus indicadores de eficiencia ante la falta de resultados en su primordial función de garantizar la seguridad de la población y de su patrimonio.
A propósito de la inseguridad que se percibe abrumadoramente en nuestro Estado por lo que nos enteran todos los días los medios de comunicación; por lo que no sabemos debido al anonimato producto del temor a la denuncia ante la desconfianza manifiesta hacia las instituciones policíacas, pero que lo percibimos, valdría la pena preguntarnos ¿Hasta dónde la recurrencia de ese escenario podría hacernos pensar que esa es la circunstancia que nos ha tocado vivir?, que ante la falta de soluciones, la alternativa es apreciar los acontecimientos como “lo normal” y que por lo tanto deja de tener sentido la lucha por el cambio, por mejorar. Ese es el verdadero riesgo, usted sabe si lo quiere correr
El segundo.- ¿A quién se le ocurrió rifar automóviles para “premiar” el cumplimiento oportuno del pago de los diversos impuestos de los poseedores de vehículos?
No dudo del reconocimiento al que son acreedores los ciudadanos ejemplares que cumplen con sus contribuciones, pero no me convence la idea de caer en la desviación de recursos públicos o en el dispendio en el mejor de los casos, para incentivar el cumplimiento de lo dispuesto por la ley. Además de que en las disposiciones fiscales se establecen las medidas punitivas para quienes incurren en incumplimiento, se ocasiona que en posteriores períodos de pago, éste se realice a condición de que el Estado cumpla con la “obligatoriedad” del premio que impone el antecedente, ocasionando eventualmente el efecto contrario al deseado. Discutibles sus implicaciones legales y morales.
Que bueno sería que aquellos que han sido temporalmente dotados de poder político por voluntad popular, tuvieran la ocurrencia de voltear hacia las necesidades más apremiantes de la comunidad. No olvidemos que los premios, que si existen en la función pública tienen que ver con la continuidad, de los castigos es probable que se hable en julio de 2009.