EL RINCÓN DEL GANDHI Y LA CONSPIRACIÓN DE LA FORTUNA

Es cierto lo que en una ocasión dijo el escritor Jorge Volpi, y que luego fue citado por Ciro Gómez Leyva: “Nos puede gustar una obra, aunque su autor no sea de nuestro agrado”. Esta ambivalencia de gustos fue externada a propósito de la última novela de Héctor Aguilar Camín: “La Conspiración de la Fortuna”. Una obra que vale la pena leer.
Quiero decirles que también comparto esta ambivalencia de atracción-rechazo hacia el conductor del programa “Zona Abierta” y a sus textos tanto de narrativa como de ensayo político. Es más, casi he leído todas sus novelas y soy un lector consetudinario de la revista “Nexos”, ¿pero sabe qué? No termino por aceptar el papel que Héctor Aguilar Camín jugó como comparsa y propagador del Salinismo.
Más aun, sigue muy fresco en mi memoria, el gran negocio que él y otros historiadores hicieron con los libros de historia para la educación primaria en 1992, donde por compromisos con Carlos Salinas de Gortari, construyeron una historia patria donde al reivindicar la figura de Porfirio Díaz, se justificaba la política modernizadora del” Innombrable”, aunque también, hay que decir que Enrique Krauze, tampoco pudo sustraerse al embrujo salinista, escribiendo el guión del programa: “El vuelo del águila”. Pero en fin, este no es el asunto de la colaboración de hoy, sino la novela de Aguilar Camín.
La idea básica de la novela es el mandato de los padres de que los hijos reparen sus faltas. El protagonista, según el autor, es un fracasado del poder. Es la historia de Santos Rodríguez, un hombre que conjuga los negocios y la política. Tiene dos aspiraciones: hacerse rico y llegar a ser Presidente de la República. Triunfa en lo primero, pero fracasa en lo segundo.
El periplo de su tragedia inicia en el momento que araña la silla presidencial, para continuar como chivo expiatorio por la nueva tribu en el poder. Y para resarcir su fracaso y al mismo tiempo ver realizado su sueño presidencial, le apuesta toda su energía y capital político a uno de sus hijos: a Sebastián, (mucha semejanza con la carrera política de Salinas de Gortari) quien estudia en el extranjero, especializándose en Administración Pública. Muy joven llega al gabinete. Su inteligencia, relaciones, olfato y el apoyo de su padre le permiten aspirar a la presidencia, fracasa al igual que su progenitor.
En la novela de Aguilar Camín están todos los lugares comunes de nuestra política degradante: la antidemocracia, la corrupción en el gobierno, en la sociedad y en los medios de comunicación, las traiciones, la politización de la justicia, las cargadas, la corrupción policíaca sembrando delitos y muerte. Todas estas perversidades sazonadas con los sueños de los protagonistas, así como sus pasiones, los hijos, las mujeres.
En suma, el final trágico de la novela puede ser sintetizado en una frase de Emilio García Riera: “La mitad de la vida nos la joden los padres. La otra mitad, los hijos”.

LAS FRASES DE LA CONSPIRACIÓN
El recurso literario de las frases es exitoso en esta novela, aunque no alcanzan el nivel de las frases de Carlos Fuentes en “La silla del Águila”. Pero vale la pena la reflexión que propician. He aquí algunas:
“En el juego de la vida, o del destino, la gente no llega tan lejos como augura su talento sino como lo permiten sus limitaciones”.
“Lo que no puede hablarse en las sombras bienhechoras de un congal, no puede hablarse en ninguna parte”.
“Si este país fuera un código penal, tendría en cada artículo una cláusula de excepción”.
“La política, vista de cerca, aun la política más alta, es siempre pequeña, mezquina, miope, una riña de vecindario”.
“Los gobiernos están hechos de dos clases de personas, los que quieren ser parte del baile y los que quieren dirigirlo”.
“No hay que robar para enriquecerse. Hay que enriquecerse creando riqueza”.
“He aprendido esto: cuando las mujeres se vienen de verdad ponen cara de tragedia griega. Todo lo demás es sólo teatro moderno”.
“Las mujeres no son nunca tan hermosas como cuando nos abandona la juventud”.
“Una sabiduría de la política nacional había sido no eternizar grupos en el mando, hacer que circularan por el botín todas las bandas, aireando con ambiciones frescas los circuitos del gobierno. El magnicidio, las rebeliones, el azar, la astucia política habían vacunado al país contra los intentos de continuismo”.
“La policía es una puta que no se deja comprar. No puedes comprarla cuando quieres y cobrar cuando se te acabó el dinero”.
“Aquella inmovilidad política en medio del cambio era como tener un paralítico encabezando un baile”.
“La política es un espectáculo abierto y un secreto al alcance sólo de unos cuantos”.
“Los hombres necesitan distracciones. Las mujeres también. Yo en la vida privada de mis mujeres no me meto”.
“Las cosas del estado manchan las manos. Hay que lavárselas todos los días…Las cosas sucias del estado manchan a quien no tiene convicción. Si hay convicción, no queda huella”.

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