MEXICO Y CHINA: AGENDA PARA UNA RELACION PROVECHOSA
Nuevamente abordamos una cuestión de orden no solo nacional sino internacional, por razón del impacto que tiene en los aspectos locales, sobretodo tratándose de variables que inciden sobre el ámbito económico. Nos referimos específicamente a la reciente gira del Presidente Calderón a la República de China.
Resulta interesante el enfoque de voltear a ver a este país que hoy se manifiesta como el líder mundial en crecimiento (promedio de 10% de crecimiento anual del PIB y 16% la producción industrial) en vez de seguir la inercia de la dependencia de los EUA. Sin embargo, vale la pena valorar aquellos aspectos que puedan resultar atractivos para México, dado que se encuentran más aspectos de competencia entre ambos países que situaciones de complementariedad y sinergias.
De hecho China ha desplazado a México como segundo proveedor mundial de los EUA, a pesar de la cercanía que tiene nuestro país respecto de los norteamericanos. Pero se da en el caso de los chinos que son mas competitivos en manufacturas, no solo por la mano de obra barata, sino que agregan otras características como diseños mas modernos y adecuados a los usos de los consumidores, además de que ha logrado enlazar a la ciencia y la tecnología con los requerimientos actuales del mercado mundial y de sus empresas, ya que en la actualidad –como lo señalan los tratadistas—muchas empresas chinas se desempeñan con sus propias tecnologías.
Contrasta lo anterior con el pobre desempeño de nuestra situación económica, ya que del 2001 a la fecha el crecimiento es raquítico (alrededor del 2% anual), cayendo dentro de la clasificación del Reporte Global de Competitividad para quedar en el lugar 58, mientras que China asciende y actualmente anda dentro de los primeros cuarenta países posicionados. Además las tasas de inversión son de alrededor del 50% del PIB (México entre el 15 y 20%) y del 52% en ahorro. De hecho es la economía con la más alta tasa de ahorro del mundo.
El elemento primordial que subyace como ancla que impide el despegue de México tiene que ver con la falta de competitividad, proveniente de la inacción del Gobierno, y la falta de políticas e incentivos que permitan dinamizar el proceso de transformación. Hasta ahora el país espera que las fuerzas externas, incorporadas a los sectores productivos, mediante la operación del TLC, modifiquen la estructura productiva y la modernicen, situación que no se ha dado, ya que las diferentes regulaciones existentes en el país en materia económica, laboral y legal, han estorbado esta posibilidad. En esto se detecta y finca una gravísima falla del Gobierno, en sus tres niveles.
De ahí que resulta indispensable que las principales fuerzas operantes en el país –en particular los partidos políticos—establezcan un objetivo común, y conceptualicen el desarrollo y crecimiento del país como una Cuestión de Estado. A partir de esto, derivar una serie de análisis y medidas –como lo hicieron los norteamericanos a fines de los ´80s—generadas por técnicos y especialistas en las operaciones y procesos productivos, de manera seria, y no politiquera como ha sido el desarrollo de los famosos foros de la propuesta de ajuste administrativo de PEMEX (que no reforma energética, ya que no se contemplan los aspectos fiscales y sindicales, ni tampoco todas las categorías de energía existentes, por ello ni es reforma, ni tampoco energética).